Por una marginalidad selecta.

Los medios de comunicación en su afán de ganar audiencia, no siempre tienen en cuenta la privacidad y la honorabilidad de las personas, recurriendo a una enorme gama de apelativos a la hora de describir los sucesos que ellos consideran noticia; siendo el término “marginal” el calificativo más recurrente para denominar al simple peajero que te pide un 5mil’i o tu celular.

Marginales, yo no veo ninguno acá, solamente mal gusto.

Somos marginales, admitámoslo…pero no en el sentido delictivo, sino en el social. El marginal por excelencia es aquel que vive al margen, apartado de lo nuevo y lo mundano. El marginal en realidad es el que se auto-exilia en la mayoría de los casos para escapar de la banalidad del transcurrir diario. El marginal es el que es apartado por su manera de pensar antes que por su condición económica o social.

La cantidad de personas que sufren por la desigualdad social en nuestro país es abrumadora, y muchas de ellas en su desesperación -o viveza criolla, hay que decirlo- deciden lanzarse al mundo del delito con mayor o menor éxito. Pero el hecho de que estos decidan vivir al margen de la ley, no los convierte en marginales…sino en delincuentes o en el peor de los casos en criminales o políticos.

El verdadero marginal o marginado es el que es apartado de sus pares por su apariencia, sus gustos musicales o su reticencia a socializar con los que le rodean. El marginal desconfía de que al prójimo le gustará su colección de cráneos o cruces de cementerio; desconfía que su fascinación con la muerte, tanto real como la retratada en películas de bajo presupuesto, será compartida con el mismo entusiasmo por las chicas de su curso…el marginal desconfía de todo y es por eso que decide la mayoría de las veces el apartarse con sus auriculares y libros “raros” por propia voluntad.

El delincuente común quiere obtener objetos de valor de manera ilegal, el marginal solamente quiere que lo dejen en paz o, si se puede, alguien que comparta sus gustos e intereses y que pueda articular una oración coherente. Ojo, no confundir al marginal con los emos, simples attention-whores cuyos gustos (en resumen) no sobrepasan de la música comercial, las tiendas de ropa “alternativa”, las películas de Tim Burton y los vampiros con purpurina de Crepúsculo.

El proceso de marginalización lleva tiempo y esfuerzo, a parte de una obsesión que roza la demencia por determinadas expresiones culturales subterráneas. Por ende, el marginal no siempre será un headbanger empedernido, también los hay de muchas otras calañas: lectores ávidos, coleccionistas de todo tipo de parafernalia y enfermos de la informática y videojuegos. Marginales, si…delincuentes, no.

Así que la próxima vez que alguien utilice la palabra “marginal” para describir a un pendejo que asaltaba con un estoque oxidado o al wachiturro* con peinado malogrado de Neymar, corregile…por el buen nombre de los que en verdad viven al margen.

*NdR: Al wachiturro podría considerarse también un marginal, ya que vive al margen del buen gusto, lo que lo convertiría en sub-marginal o algo parecido.

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