Generaciones.

Hace unas semanas en una visita diplomática a la casa de un amigo, o sea intercambio y pirateo de materiales audiovisuales, charlábamos entre cervezas sobre el futuro de su beba, divagábamos sobre si ella sería una headbanger como nosotros o que sería cuando mayor. Pensaba yo en como hubiera sido el crecer teniendo padres metaleros o por lo menos amantes del rock en todo caso. Mi vieja es fanática de The Beatles, pero eso nomás; mientras que mi señor padre ni ahí está por la música.

Me remontaba a un pasado inventado en el que desde chico me permitían usar el pelo largo y camisetas negras, jeans gastados y botas o en todo caso las zapatillas blancas de medio caño bien thrashers; divagaba sobre ir con ellos a conciertos desde temprana edad para adentrarme de a poco en un mundo del que ya no volvería a salir, en fin, divagues causados por las birras que nos estábamos tomando mientras traficábamos con dvd’s de bandas para nada inocentes.

Con el tema aún flotando en el aire, un recuerdo fue tomando forma en mi cabeza, las imágenes claves fueron una camiseta de AC/DC y una cruz.

Corría el mes de abril del año pasado cuando esto sucedió, yo salía de mi local de trabajo en dirección a un conocido supermercado ubicado frente al edificio central del IPS. Mis intenciones eran una gaseosa y papas fritas para una almuerzo para nada saludable. Al acercarme a la caja se desataría uno de los hechos más curiosos que me han sucedido hasta ahora:

Tenía mis productos en una mano y con la otra rebuscaba mi billetera para pagar por ellos cuando de reojo me fijé en un niño de no más que 10 años, lo primero que enfocaron mis ojos fueron su camiseta y el logotipo estampado en ella: AC/DC…bueno, cualquiera usa en estos días una casaca de AC/DC…es común ya por estos tiempos…pero al fijarme atentamente me di cuenta que no era una de esas tantas que inundan el Mercado 4 ni la Plaza de los hippies, era una original con la portada de Highway To Hell; ya sin vergüenza examino de pies a cabeza al niño en cuestión: pulsera de cuero y tachas en una mano, mientras que en la otra una muñequera de hilo con el detalle de tener bordado en hilo rojo un pentagrama dentro de un circulo mágico, símbolo típico dentro del lenguaje visual del metal. La estrella se convirtió en mi centro de atención pero no duró mucho como tal pues lo que vi colgando del cuello de ese niño me dejó estupefacto.

Era brillante, probablemente de acero pulido y por sobre todo enorme…la cruz invertida que colgaba de ese cuello inocente me produjo un choque de emociones por así decirlo, orgullo y alegría se peleaban con las ganas de reír a carcajadas y la incertidumbre de hablarle o no al chico. De a poco fui acercándome mientras hacia pasar mi austero almuerzo por la caja y fue en ese momento en que se produjo una charla parecida a esta:

Yo: Cuantos años tenés chera’a?

Chico: Nueve años tengo…

Yo: (señalando la cruz) Sabés lo que significa esa cruz, verdad?

Chico: Y más o menos…(en ese momento la cara de la cajera se transformó al darse cuenta de la cruz)

Yo: Esta cruz que llevas es muy pesada chera’a, ni yo me animo a llevar una así…

Chico: Mi papá me trajo de Brasil…y me dijo “usá si querés”…

Yo: Y tu mamá no dijo nada por eso?

Chico: A ella le gusta también…ella me compró para mi remera luego…

Yo: Que bien chera’a!!! y donde están ellos ahora?

Chico: (Señalando con el dedo) Ahí están en el patio de comidas…

El padre no tendría más de 30 años mientras que la chica estaría creo yo rozando la misma edad, quizás dos o tres años menor que él, ambos resaltaban entre la multitud de comensales del local, sendas remeras con motivos metaleros; el tipo llevaba una de Morbid Angel con la portada de Altars Of Madness mientras que la chica creo que llevaba una de Exodus pero no puedo asegurarlo pues casi me daba la espalda y no podía diferenciar bien el motivo impreso.

Recuerdo después de eso el haberle dicho al niño que había mucha gente que le iba a recriminar el usar una cruz invertida, pero que no se preocupara por eso y que si le gustaba que la siguiera usando, admire su remera mientras que le confesaba mi envidia por no haber tenido padres como los suyos.

Pensando bien este tema me doy cuenta que en nuestro país recién ahora se están dando situaciones similares a las de este chico, niños que crecen con el rock y el metal como bandas sonoras de su infancia, que desde temprana edad ya son iniciados en las viejas artes del headbanging y el air guitar, que de ahora en más son la esperanza de nuestra escena.

Hay muchos nuevos integrantes de esta inmensa familia del mal, Talena (hija de Maggot de Diagonal de Sangre y Vivi); Valentina y el recién llegado Samu (hijos de Mama Pato, la metalera más ñaña de la Facultad de Filosofía y su marido Rolo); Facundo, que no se duerme si no escucha Saxon (hijo de Nadia, una amiga del barrio) y muchos más cuyos padres están encargándose de mostrarles un camino fantástico y lleno de aventuras y batallas.

A todos ellos, bienvenidos sean a un mundo extraño y lleno de incertidumbres, pero lleno de buena música y excelente camaradería. Les espero dentro de unos años por las noches paraguayas, mientras tanto duerman tranquilos hasta que sus oídos se vuelvan adictos al metal.

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