El paraguayo no discrimina.

Estoy seguro, y pongo las manos en el fuego defendiendo al paraguayo de aquellos que dicen que éste discrimina, es una falacia, una calumnia. El paraguayo de por sí es una persona amable, respetuosa de los derechos de los demás y de las normas de convivencia pacífica. De ejemplo sirva la futura aprobación del matrimonio gay y la no menos esperada legalización de la marihuana.

Esta declaración está dirigida a aquellos retrógradas que insinuan que la sociedad paraguaya está todavía inmersa en el oscurantismo y la ignorancia, infectada por la intolerancia religiosa y otros males propios de las sociedades feudales.

Se preguntarán el por qué de este escrito, y es mi deber el explicarme en forma clara y sin dar lugar a interpretaciones desviadas. Como la mayoría de la población, estoy destinado a disfrutar de las mieles del tempranero viaje en micro para cumplir con mis deberes laborales. Esto lo vengo haciendo desde que tengo uso de razón, y como headbanger la mayor parte de mi vestuario esta conformado por remeras negras con logotipos de las bandas, pentagramas o alguna que otra cruz invertida. Esto no implica necesariamente que esté metido en algún culto o mafia satánica, sino que con ello expreso mi desacuerdo con los preceptos de las religiones organizadas y sus creencias.

Yendo al punto, se imaginarán que la mayoría de estas ilustraciones resultarían chocantes para las personas “normales”, y más si son las 6 de la mañana y me subo al micro con unas ojeras de campeonato a causa del insomnio, y en la espalda lleve una inscripción tipo…”IN SATAN WE TRUST” o algo por el estilo. La reacción inmediata en estos casos es generalmente la de temor y por qué no de odio.

La mayoría de la gente evita sentarse a mi lado durante el viaje, y tengo la sospecha de que es a causa de las remeras, de la cadena de la billetera, de la muñequera de cuero con hebillas y los auriculares del mp3 retumbando. Pero no queriendo ser un retrógrada que condena a la sociedad paraguaya porque odia lo que no entiende, esta mañana decidí hacer una prueba para comprobar que el paraguayo no discrimina: Lustre mis zapatos, me arregle la barba, me peiné adecuadamente para presentarme al trabajo, me enfundé en unos jeans más que decentes, suprimí la cadena de la billetera y las muñequeras de cuero, y por último vestí una camisa acorde al ambiente de mi laburo…eso si, el reproductor mp3 lo lleve conmigo pero lo usé a un volumen más discreto para no causar molestias.

El resultado: nadie se sentó a mi lado, por más lleno que estuvo el micro, nadie insinuó siquiera las intenciones de sentarse. Al bajar del micro, y ya en mi local de trabajo, revisé si me había olvidado del antitranspirante. No era el caso, tampoco el aliento. De este modo, feliz pude entender que el paraguayo no discrimina, lo más probable es que nadie queria molestarme mientras leia un libro sobre las mentiras de la iglesia católica.

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2 comentarios en “El paraguayo no discrimina.

  1. Interesante, una clara perspectiva de lo que sucede y sucederá siempre… Resalto la increíble ”coincidencia” (incongruente que diga esto, ya que odio esa palabra, pero en fin, no va al caso) con una anécdota mia que suelo contar a mis amistades… Buenísimo esto che.. un súper ”al pelo” te dejo..

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