Mi vieja siempre se queja diciéndome “cachivachero”, “juntabasuras” y otro tipo de apelativos al referirse a mi afición a guardar cosas sin algún tipo de valor o utilidad, y cada 6 meses hace una incursión de limpieza en mi dormitorio para por lo menos darle una sensación de orden. Generalmente estas incursiones las realiza durante mi ausencia y aprovecha para deshacerse de lo que pueda.
Ayer la descubrí infraganti con una cajita de zapatos que reconocí en seguida: mis cassettes de hace casi 10 años! Sus planes eran más que evidentes, el cesto de basura era el destino final de una parte de mis más valiosos tesoros. El debate se extendió por unos 10 minutos donde saltaron de nuevo los apodos anteriormente citados, pero con un poco de argumentación barata y férrea intransigencia pude evitar el desenlace fatal. Le expliqué acerca del valor sentimental, de la nostalgia, de la batalla y de todo lo que representaban esos cassettes para poder convencerla; y por suerte lo logré porque la intransigencia y la caradurez sé muy bien de quien las heredé. Regodeandome en mi victoria me puse a revisar los cassettes y las distintas etiquetas que llevaban; ahí se registraban grandes nombres, grandes títulos, y también grandes decepciones. Sigue leyendo

